Internet ha abierto un nuevo mercado a los publicistas, un mercado en el cual se pueden ofrecer una gran variedad de productos a sus usuarios. Además, la evolución de la tecnología ha abierto un nuevo y peliagudo ámbito: la publicidad personalizada. Dónde comienza el derecho a la privacidad de las comunicaciones? Lo que sí que parece fácil de ver es que las ventajas de este nuevo tipo de publicidad son claras, entre las que podemos encontrar una mayor adecuación a los intereses del receptor, y una menor inversión por parte de la empresa, al publicitarse dentro de un grupo menor.
Muchos seguramente estáis pensando que nunca os habéis encontrado con publicidad personalizada, sino únicamente con los molestos y habituales popups de las páginas que visitáis. Pues la realidad es que posiblemente muchos os habéis cruzado con ella sin saberlo. Y para muestra un botón: los términos de uso de Gmail, el servicio de correo de Google, y en particular su apartado 8, en el que se nos indica:
"Anuncios. Como contrapartida por usar el Servicio, usted acepta, entiende y da su conformidad para que Google muestre publicidad y otra información junto a sus mensajes que esté relacionada con el contenido de su correo electrónico. Gmail le envía anuncios relevantes utilizando un proceso completamente automatizado que permite a Google seleccionar y dirigir de modo efectivo a contenidos dinámicamente cambiantes, como el correo electrónico. Ninguna persona leerá el contenido de su correo electrónico con el fin de seleccionar y dirigir dichos anuncios u otra información sin su permiso, y ningún contenido del correo electrónico ni otra información que identifique a la persona se ofrecerá a los anunciantes como parte del Servicio."
Conozco perfectamente que muchos aceptáis los términos de uso sin tan siquiera leerlos (mal hecho), pero para eso estoy aquí. Podéis ver en este apartado como se nos indica que Gmail nos enviará anuncios relacionados con el contenido de nuestro correo electrónico. Si bien habría que ver realmente que sistema automático se utiliza para ver si se vulnera nuestra privacidad. Otros servicios que tiene Google también se encuentran en ocasiones en el ojo del huracán, como el historial de búsquedas que ofrece. La problemática se ha acrecentado después de que Google y DoubleClick se unieran, llegando algunos a pensar que nos encontrábamos casi ante un monopolio en el ámbito de la publicidad online. Esto llevó a varias asociaciones a presentar una queja exigiendo que se comprobara si realmente se estaban cumpliendo los requisitos de privacidad de sus usuarios.
Todo lo anterior es una introducción a un artículo muy interesante al respecto de los anuncios online que podéis consultar en el New York Times. El artículo queda bien resumido por una aportación de Jennifer Granick, directora ejecutiva del Stanford Law School Center for Internet and Society, que consta en el mismo artículo:
"Esta nueva forma de publicitarse puede crear situaciones potencialmente peligrosas. Para poder ofrecer publicidad personalizada, debes saber quienes son esas personas a quienes te diriges. O, como mínimo, debes obtener suficiente información personal para que esta persona sea fácilmente identificable".